miércoles, 19 de octubre de 2016

10 visitas imprescindibles en León

Que ver en León, 10 visitas en la provincia de León inolvidables
Diez experiencias (y una más) que no hay que perderse en León
Naturaleza, arte, historia y gastronomía asaltan al viajero en la capital y la provincia
Astorga, Las Médulas, Valporquero


La mayor provincia de Castilla y León y una de las mayores de España tiene mucho que ofrecer al viajero. Como cruce de caminos propone un formidable patrimonio histórico fruto de la sucesión de gentes que pisaron estas tierras. Astures, romanos, suevos, visigodos, árabes, cristianos... todos contribuyeron a escribir una historia cuyas huellas son palpables en el carácter de sus actuales habitantes y en los monumentos que embellecen la provincia. Aquí hay un patrimonio artístico y cultural que ha depositado la historia en las tierras leonesas, desde los primeros pobladores a las manifestaciones más vanguardistas del siglo XXI.

De las agrestes montañas a las inmensas llanuras, ríos, valles y bosques esconden un rico patrimonio adornado con leyendas y conquistas: las montañas del norte y los llanos del sur la fertilidad de El Bierzo y la dureza de la Maragatería... Huellas del pasado más remoto se entremezclan con pinceladas del presente más moderno.

Y si la provincia es rica en recursos, su capital no se queda atrás. León capital tiene algunos de los monumentos más espectaculares de España: la Catedral gótica con las vidrieras más hermosas de Europa, los frescos románicos de la Colegiata de San Isidoro, conocidos como la Capilla Sixtina del románico, y la fachada más impresionante del plateresco, el Hospital de San Marcos. Pero, además de sus tesoros, una de las cosas que más gustan de la ciudad es cómo se vive en ella, haciendo de las tapas –gratis, por supuesto– todo un ritual en el Barrio Húmedo. En la provincia de León acaba de tener lugar el Congreso Nacional de la Federación Española de Periodistas y Escritores de Turismo (FEPET).

Esta es una mínima selección de diez experiencias (más una) que hay que tener si se viaja a León:

1.- Admirar las vidrieras más bellas de Europa. La Catedral de León, dedicada a Santa María, es, sin duda, una de las catedrales góticas más hermosas de España. 

Construida a principios del siglo XIII y terminada en el siglo XV, presenta una gran unidad estilística, lo que la dota de una elegancia única, por lo que recibe el sobrenombre de la Pulchra Leonina. Ya en el exterior sorprenden las tres fachadas que muestran una de las mejores colecciones de esculturas góticas de la península, especialmente la de la Virgen Blanca, una de las más bellas del gótico. Dentro, lo mejor es el Coro, uno de los más antiguos de España, tallado por artistas flamencos en el siglo XV. Sin embargo, lo más hermoso y espectacular de la Catedral de León no son sus esculturas o su arquitectura, sino el espacio interior, en el que la luz y el color –el azul y el rojo habituales, pero también la gama de verdes, ocres y amarillos–, convierten esta catedral en la Catedral de la Luz. No hay que perderse la espectacular iluminación nocturna tanto exterior como interior, lo que permite apreciar sus vidrieras también por la noche.


2.- Apreciar el “auténtico” Santo Grial.

No lejos de la catedral, está la Colegiata de San Isidoro uno de los mejores conjuntos románicos de España. Fue construido por Fernando I y su esposa Sancha para albergar las reliquias de San Isidoro. Allí se encuentra el Panteón de los Reyes, conocido como la Capilla Sixtina del Románico por la calidad de sus elaborados frescos y su excepcional estado de conservación. Incluye representaciones religiosas, pero también profanas como el célebre calendario agrícola. Es, además, un gran cementerio en el que están enterrados nada menos que 23 reyes y reinas, 12 infantes y 9 condes. Es imprescindible la visita al Museo que contiene numerosos ejemplos de arte medieval temprano como por ejemplo cálices de piedras preciosas, obras de marfil y metales preciosos, entre las que destacan la Arqueta de los marfiles y el Portapaz del Pantocrator, la Arqueta de Limoges... Pero sin duda lo que más llama la atención es el Cáliz de Doña Urraca, que algunos –entre ellos la historiadora y Concejala de Cultura, Patrimonio y Turismo, Margarita Torres Sevilla que lo ha estudiado a fondo– consideran que es el mismísimo Santo Grial. La visita finaliza en el Claustro románico más antiguo de España, donde se celebraron las Cortes de León de 1188, cuyos "Decreta" (o Carta Magna Leonesa), han sido reconocidos por la UNESCO como "el testimonio documental más antiguo del sistema parlamentario europeo" , concediendo a León el distintivo de "Memoria de la Humanidad" (World Memory) y convirtiendo a la ciudad de León en "Cuna del Parlamentarismo".

3. Alojarse (hay que darse prisa) en el Hostal San Marcos. 

Es, probablemente el alojamiento más bello de España y uno de los hoteles monumentales más extraordinarios del viejo continente. Su construcción se inició en el siglo XVI con el objetivo de albergar la sede principal de la Orden Militar de Santiago en el oeste de la Península. La obra fue financiada por el rey Fernando el Católico. El precioso hotel es un museo viviente de señoriales salones, con un Claustro y una Sala Capitular espectaculares. La entrada principal, precedida de unos bonitos jardines, es de origen plateresco, muy elegante y considerada como una de las más importantes por la belleza y calidad de sus arabescos. Fue hospital de peregrinos, prisión (tuvo entre sus huéspedes a Quevedo) y campo de concentración durante la guerra civil de España. Quienes deseen hospedarse en él deben darse cierta prisa ya que el próximo año está previsto que el Parador cierre totalmente durante casi 20 meses para acometer un proyecto de reforma que conllevará una inversión de 40 millones de euros en dos fases.

4.- Saborear (gratis) las mejores tapas en el Barrio Húmedo. 

A la derecha de la calle Ancha y la Catedral, se encuentra una de las mayores concentraciones de bares, tabernas, tascas, cafés, pubs y restaurantes no solo de la ciudad, también de España y de Europa. De hecho, hay un bar al que se entra desde otro bar... Pero lo mejor no es solo la cantidad, sino también la calidad de las tapas que cada uno de ellos ofrece, y, además, gratis. Y como es una tradición, los locales se han ido poco a poco especializando y la gente va a ese local en el que ya sabe lo que hay, como las patatas del Flechazo, las morcillas de La Bicha, los calamares con gabardina del Miche, las patatas con pimentón de El Flechazo, los "Cojonudos" y orejas de La Alpargata o los "Tigres" de El Garbanzo Negro... El encanto de esta zona no está solo en su muestra gastronómica, también en su raigambre histórica. Son callejuelas llenas de tascas y bares con encanto a las que dan sombra muros de mampostería y sillares con hasta 2.000 años de historia. Bares de copas y cervecerías en las que algunos de sus muros son murallas romanas o medievales; tomarse un vino y una tapa bajo una escultura de Eduardo Arroyo; comer o cenar en un palacio; escuchar un concierto en el hall del Museo de Arte Contemporáneo o a un espontáneo bajo los soportales de la Plaza Mayor; disfrutar de una catedral gótica de noche... Historia, arte, cultura, gastronomía y ocio se dan la mano en un mestizaje insólito y espontáneo.

5.- “Mojarse” en la piscina de Castilla.

Valencia de don Juan es una curiosa villa a poca distancia de León de apenas 5.000 habitantes que ostenta dos curiosos monumentos. El primero es su vistoso castillo, obra maestra de la arquitectura gótica militar de finales del siglo XV, declarado Monumento en 1931. Fue mandado construir por los Acuña, allá por el siglo XV y hoy se conserva gran parte de su trazado original. Desde su atalaya sobre el Esla vigila la comarca. Las mejoras y rehabilitaciones ofrecen una imagen innovadora del castillo, idóneo escenario para multitud de eventos de corte cultural. La Torre del Homenaje alberga en su interior el Museo del Castillo de Valencia de Don Juan. Cerca de él se encuentra uno de los logros de este siglo, el llamado “Mundo del Agua”, que dispone de una piscina olímpica, una infantil y una lúdica con toboganes, además de una zona de ocio familiar y juegos acuáticos interactivos. A todo ello se suman los más de 130.000 metros cuadrados de zonas verdes, así como canchas para la práctica de diversos deportes como fútbol, baloncesto, tenis, voleyball, ping-pong... Todo con zona WIFI gratuita para todos los usuarios. Una atracción singular que, según el alcalde y presidente de la Diputación, Juan Martínez Majo, ha conseguido en la última temporada el récord de más de 266.000 accesos. 

6.- Una combinación extraña: Luis del Olmo y los templarios.


Ponferrada, la capital del Bierzo, es una ciudad llena de vida que no ha dejado de crecer durante todo el siglo XX y que hoy, sigue haciéndolo. Es el motor económico y cultural de todo el Bierzo y la segunda ciudad de la provincia; un lugar inmejorable desde el que ir conociendo la hermosa comarca berciana. En el casco histórico, de dimensiones reducidas, destaca sin lugar a dudas, su Castillo Templario, con más de 8.000 m2 de superficie y uno de los más impresionantes de toda España. Consta de un gran recinto poligonal con dobles y triples defensas formando barbacanas, torres, estancias y un gran patio bajo. Atribuido generalmente a los templarios, que estuvieron en Ponferrada hasta 1312, acoge la Biblioteca Templaria y Centro de Investigación y Estudios Históricos de Ponferrada, con cerca de 1.400 libros entre los que se incluyen facsímiles de obras de Leonardo Da Vinci. Junto al Castillo se inician las callejuelas que recorren el casco histórico. De noche, iluminado, conserva una magia especial, como todo lo que rodea al mito templario. En la calle Gil y Carrasco está la preciosa Casa de los Escudos donde se ha instalado el Museo de la Radio que cuenta con la colección de más de 200 receptores de radio de Luis del Olmo, siendo esta una de las más completas de España. 

7.- Buscar pepitas de oro en Las Médulas.

No es tarea fácil porque los romanos no dejaron ni una tras casi 100 años de explotación. El preciado metal, tan ansiado por todas las civilizaciones del planeta, hacía que los romanos hasta movieran montañas, literalmente. Este método de extracción, al que llamaban “ruina montium“, consistía en minar la montaña con galerías y pozos, que después llenaban con agua, para que así la presión del aire comprimido y del agua actuara como un explosivo, derrumbando la montaña. Sobre el aluvión derruido continuaban arrojando agua, para arrastrar el lodo aurífero a los canales de lavado, donde utilizando hojas de brezo filtraban las pequeñas pepitas de oro. Las Médulas fueron la mayor mina a cielo abierto de todo el Imperio y nos ha dejado, siglos después, uno de los paisajes más inquietantes y hermosos de toda la península. Hoy, este paraje cultural, fruto de la naturaleza y la acción del hombre, es Patrimonio de la Humanidad desde 1997 y merece que se le dedique tiempo para descubrirlo y respeto, ya que como todo paraje cultural, es muy frágil a la acción del hombre. Su estampa rojiza simula un paisaje sinuoso y de misterio. Nadie diría que los picudos farallones esconden, bajo sus entrañas, el oro de los romanos. Enmudecida la explotación minera desde hace siglos, el paraje de las Médulas se convierte en un bello paisaje de gran atractivo turístico, que se completa con la infraestructura museística de un aula arqueológica. 

8.- De las mantecadas al chocolate de Astorga.


Son sin duda los productos que han dado más fama a la capital de la Maragatería, uno de los lugares más conocidos y emblemáticos de todo León. Pero Astorga ofrece mucho más, con algo más de 11.000 habitantes posee un patrimonio histórico y artístico difícil de igualar, fruto de su ubicación en un cruce de caminos: el Camino de Santiago y la ruta Vía de la Plata. Su recinto amurallado conserva iglesias, conventos y hospitales, que trasladan al viajero a la más pura tradición jacobea. La Puerta del Sol da entrada al recinto fortificado, en el que destaca la Catedral. Los planos iniciales se deben a Gil de Hontañón, mientras que el Altar Mayor se encuentra firmado por Gaspar Becerra. La talla barroca de la Inmaculada es obra del genial escultor Gregorio Fernández, aunque también se conserva una escultura de la Virgen de la Antigua románica. Antaño, a este conjunto de construcciones se sumaban hospitales de peregrinos. Hoy en día, el viajero se puede acercar a esta tradición en el Museo de las Peregrinaciones, alojado en el Palacio Episcopal. Se trata de un edificio neogótico obra del maestro modernista Antonio Gaudí. Otro notable monumento es el Ayuntamiento de la ciudad, barroco del siglo XVII. El recorrido por esta localidad leonesa puede continuar en los Jardines de la Sinagoga, en el Parque del Aljibe, o en el Museo del Chocolate. 

9.- Quedarse “helado” en las Cuevas de Valporquero.

La primera forma de hacerlo es no llevar ropa de abrigo cuando se hace la visita ya que en invierno y en verano las cuevas están a unos 7 grados y con alto grado de humedad y la visita puede llevar un par de horas. La segunda forma de quedarse helado o extasiado en este lugar es contemplando algunas de sus siete enormes galerías, con una variedad de estructuras difícilmente repetibles que impresionan solo con asomarse. Estalactitas, estalagmitas, coladas o columnas que se fueron formando a través de corrientes de agua subterráneas que excavaron las cavernas y formaron las simas en el subsuelo. Un trabajo lento a razón de un centímetro cada cien años, mes arriba o mes abajo. Las cuevas están muy bien iluminadas y el camino cubre casi 4 kilómetros con más de 450 escalones de subida o bajada. Los más preparados pueden animarse a combinar el barranquismo con el misterio de las profundidades. Y es que Valporquero tiene zonas por donde fluye un río subterráneo. Se puede recorrer durante 4 o 5 horas su cauce que atraviesa el corazón de la montaña por grandes galerías, toboganes naturales, saltos, lagos subterráneos y rápeles en cascadas. Por supuesto, se hace acompañado por guías expertos.

10.- Cubrir el tramo más largo del Camino de Santiago.

Por derecho propio, el Camino de Santiago es una piedra angular en la memoria colectiva leonesa, no en vano más de 200 kilómetros de la Ruta Jacobea transcurren por tierras leonesas. A lo largo de los siglos, la capital y la provincia han presenciado el eterno trasiego jacobeo protagonizado por unos peregrinos que, en opinión de Goethe, construyeron Europa mientras se dirigían a la tumba del Apóstol en Compostela. La antiquísima ruta de las estrellas está llena de mitos y de sentimientos indescriptibles. Sahagún, Burgo Ranero, Mansilla de las Mulas, León capital, Villadangos del Páramo, Astorga, Rabanal del Camino, Ponferrada, Villafranca del Bierzo y Laguna son las principales etapas. El Camino de Santiado de León ha experimentado un incremento de un 16,4% de peregrinos en el último año. Por la provincia de León se estima que han pasado este año 76.000 peregrinos de 103 nacionalidades, aunque los mayoritarios proceden de Italia, Alemania y Francia. El Camino de Santiago o la Ruta Jacobea, como también se conoce, fue declarada Primer Itinerario Europeo de Interés Cultural por el Consejo de Europa en 1987. Además, la ruta está considerada como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Y una más.- Para acabar un buen Cocido Maragato.

Sin duda es el plato más conocido de la amplia gastronomía leonesa. Su peculiaridad es que se trata de un cocido elaborado artesanalmente, y que se come al revés: comenzando por las carnes, que han de ser preceptivamente siete: de vaca, lacón, patas y oreja de cerdo, cecino, cordero, cabra y tocino, añadiéndose además el "relleno", hecho de pan, huevo, ajo y perejil, el chorizo y la morcilla, para continuar por los garbanzos con verdura y, finalmente, la sopa. Se discute sobre el origen de esta invertida costumbre y hay quien dice que lo pusieron de moda los arrieros que habían de comer en tránsito en olla de barro, y si se iniciara por la sopa, vaciando el calor de la olla, se llegaría a las carnes totalmente frías. Hoy muchos discuten si no se trata de una simple fórmula para hacer diferente este cocido de los otros muchos que hay en España. Pero lo que sí hay importante en el maragato es la calidad de los ingredientes. Por tradición el lugar dentro de la Maragetería donde hay que comerlo es en Castrillo de los Polvazares, un “barrio” de Astorga con sus casas arrieras y calles empedradas que han merecido la denominación de Conjunto Histórico-Artístico de gran valor documental, título que se le concedió en 1980. 

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